Vigilar y Alimentar

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Descripción

El hambre es más que un estado biológico, es una significación social, en la medida en que su aprehensión admite un juego semántico que se inscribe en una red compleja de políticas públicas y de dispositivos, tanto culturales como de asistencia, detección y prevención. En cuanto problemática social, anuda la expresión más rústica del sujeto con la necesidad, aquella que se relaciona con la satisfacción de la existencia biológica y, también, la social e identitaria. La percepción del hambre, la pobreza y el riesgo nutricional por parte del Estado ha variado en el decurso del siglo XX. Buena parte del siglo pasado ha estado signado, en primer lugar, por la concepción conceptual y metodológica de los dispositivos higienistas, heredados desde finales del siglo XIX, que se extendieron hasta la mitad del siglo siguiente. En la segunda mitad del siglo XX se suscitaron diversos cambios por las consecuencias socio-políticas de la segunda guerra mundial. Con el inicio de la guerra fría, se impulsó desde los organismos internacionales nucleados en las Naciones Unidas una serie de transformaciones orientadas al llamado «tercer mundo» y países en vías de desarrollo, que fueron instituyendo mutaciones en la consistencia del suelo ideológico de las políticas públicas y sus prácticas. Progresivamente se produce el pasaje de la vigilancia disciplinar a las tecnologías de control; proceso que implica la puesta en acto de un nuevo modo de sujetación social diseñado no solo para habitar, sino también para colonizar un nuevo mundo, en el cual la «línea de flotación» de la existencia social de las personas, comienza a regirse por la inclusión en el consumo y el mercado. El ideal de «libertad» neoliberal, se materializa para quienes están por encima de la mencionada línea, pero quienes no logran mantenerse a flote y quedan por debajo de ella, los espera el bajo mundo de las políticas asistenciales y sus monitoreos estratégicos. Este libro propone cinco operaciones subjetivantes para comprender semejante transformación, que no solo afecta las prácticas sociales, sino que aspiran a reconfigurar el pensamiento de un modo de ciudadanía, instrumentada por medio de «la sociedad civil», hacia la creación de un sentido común colectivo que gradualmente desliza la «cuestión social» hacia una «cuestión biológica». Finalmente, el libro hace una apuesta por un psicoanálisis que resurja enriquecido frente a las condiciones históricas de un tiempo que le es adverso. En la actualidad aquel camino iniciado por Freud, corre el riesgo de ser subyugado a tecnologías de control y monitoreo de las poblaciones vulnerables. Para contrarrestar esta tendencia, nos invita a pensar la práctica psicoanalítica, la clínica, en un diálogo entre sus fundamentos teóricos y las tensiones históricas que la habitan. El texto propone reconfigurar el compromiso con un modo específico de sufrimiento humano contenido en la noción de «malestar en la cultura». Dicho modo de sufrimiento descripto por Freud hace ya casi cien años, viene siendo desplazado por una contracorriente centrada en la concepción de un padecimiento somático y biológico. El estudio de la desnutrición infantil y sus políticas de asistencia, constituyen un analizador privilegiado para interpelar las prácticas en salud mental de nuestra época.

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