¿Es posible una educación que no apague la curiosidad, sino más bien que la encienda...? ¿Una escuela que en lugar de 'normalizar' talentos, los libere...? ¿Es posible un sistema que habilite y promueva personas críticas, creativas y emocionalmente plenas? No hay respuestas categóricas y definitivas, pero Utopía de una educación feliz resulta un comienzo: nos invita a repensar el sentido del educar en el siglo XXI. A través de un recorrido histórico, filosófico y pedagógico, la autora analiza y expone el modo en que los sistemas educativos 'tradicionales' (aquellos que heredamos de la Modernidad industrial) han intencionado y finalmente logrado homogeneizar, disciplinar y limitar toda y cualquier singularidad de los sujetos. La obra se inicia con un diagnóstico, pero prontamente nos invita a detenernos, a mirar distinto, y finalmente a reaprender, mejor: a resignificar lo aprendido. Se suman propuestas. Nos propone el diseño de una escuela donde la emoción ya no es obstáculo ni eventual resultado, sino más bien motor del aprendizaje; donde la tecnología no reemplaza lo humano, lo despliega; donde el estudiante logra descubrirse en su sí mismo-desde su ser-en-el-mundo. La propuesta es de riesgo; pero aventurada, visceral y profunda. Una educa-ción-acción desde la persona, con su singularidad, hacia un aprendizaje en emo-cionalidad. Una escuela que integra tecnologías emergentes (por caso, inteligencia artificial), aunque no como 'fuegos de artificios' superpuestos a la vida, sino en tanto obras que 'llevan' a sus agentes (educadores, educandos) a otros y nuevos y originales modos de ser. Todo niño nace con una pregunta en sus ojos-una curiosidad indomable le ex-tiende, quiere tocar el mundo. Pero hay ocasiones en que algo le sucede e interrumpe su camino-lamentablemente, a menudo tal detención viene de la escuela. Y es que a veces dispone callar deseos y preguntas, medir talentos, ordenar sueños en filas prolijas y 'determinar' finalmente: que algunos no serán posibles. En efecto, sí: hay escuelas normalizadoras -las hay-; hay escuelas que apagan fuegos personales. Libro diagnóstico y crítico, pero no menos propositivo; observación y reflexión pedagógica, pero sostenida en la acción y la esperanza; libro que comporta utopía, pero sin ingenuidad; libro directo; decidido -y sin resignación-; libro que alienta a acompañar y a reconocer antes de cualquier imaginar y proponer. Para finalizar, Utopía de una educación feliz parece nacer de una incomodidad profunda -probablemente de la autora, o sin duda-, pero a la vez: de su esperanza -que es aún más grande-. Dr. Neldo Candelero
This combination does not exist.
Terms and Conditions