La dimensión del libro que nos ofrece generosamente Virginia es el de la educación. Es sólo en función suya que, en una lectura cuidadosa, cabe leer y entender el aprendizaje. En esto, la autora es totalmente congruente con su espíritu y letra del pensamiento complejo. Nos lo dice: la educación es imprescindible. Es precisamente por ello que se hace necesaria una reflexión dadas las transformaciones en curso en el siglo XXI. Una pregunta emerge inmediatamente ¿no podríamos re-pensar el carácter, la estructura, la función, el sentido mismo de la educación? Esta pregunta es aquí estrictamente retórica, y sólo tiene como finalidad abrir una eventual ventana de conversaciones futuras; conversaciones futuras entre su autora y sus lectores. Virginia Gonfiantini nos obsequia un trabajo sincero, directo, bien intencionado. Con todo, la educación por sí misma carece de sentido; ella es tan sólo un sucedáneo para lo único que verdaderamente importa: el cuidado de la vida, la exaltación, el posibilitamiento, la dignificación, en fin, la gratificación de la vida; de la vida en general y no sola ni principalmente de la vida humana. Y en ello estamos. Carlos Eduardo Maldonado
Esta combinación no existe.
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