En 1946, en ocasión del centenario del nacimiento del poeta, mi padre dio un ciclo de conferencias en el Instituto Francés de Estudios Superiores, que, en su conjunto, conformaban un libro, «Psicoanálisis del Conde de Lautréamont». Nunca lo corrigió para su edición y quedó en los cajones, transfor-mándose en un texto completamente mítico, hasta el punto que yo mismo dudé más de una vez de su realidad corpórea. Me imaginaba una infinidad de manuscritos ilegibles e inco-nexos, que habían servido de guía para sus conferencias y que leídos ahora no tendrían valor alguno. El hecho es que nunca concluyó el libro, pero lo acompañó toda una vida, desde 1946 hasta 1977, como un fantasma, como uno de esos animales de «Los cantos de Maldoror», en los cuales predomina la garra y la ventosa: el desgarra-miento y la succión. Marcelo Pichon Rivière
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