Partir es un libro que aloja una voz que se escurre en el viaje de dos lugares que se desconocen. Un pueblo donde el silencio parece cercenar la vida, pero algún estruendo crea la existencia. El lago, las plazas, una casa repleta de cuadros, las veredas anchas, la noche como el enigma al que el poeta arriba. El poeta parte para algún lugar que desconoce. Con sus girasoles y sus cuervos ¿Llega en esa partida a partirse?. La ciudad lo vive. El ruido, la sordera, la crueldad. Espartano fuimos en algún momento todos los que conocemos el peso de la derrota. Un Espartano no es un personaje Melancólico, es un descosido que se da a la guerra. Un amante que eleva la tristeza, el aburrimiento, la languidez y el hastío a la dignidad poética. Un loco que habita los rincones de una ciudad o de un pueblo y silba una canción: y mi vida va y mi vida va, entre pájaros azules que no existen. Ciudad y Pueblo. Partir y Partirse se anudan a lo largo de este poemario. Las aguas quietas del Lago se vuelven pequeñas olas de un río. Los cuadros encantan y a la vez tapan las ranuras de la casa. Una casa que está desgastada, una casa que es tan propia que se vuelve ajena, como el nombre propio.
Esta combinación no existe.
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