Como De Quincey y tantos otros, supe, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé qué mérito ten-drán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las litera-turas que honran las lenguas de los hombres, las filoso-fías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas pági-nas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo... La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambas son iguales. Felizmente, no nos debemos a una sola tradición; po-demos aspirar a todas. Mis limitaciones personales y mi curiosidad dejan aquí su testimonio. J. L. B.
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