¿Cuántos niños pasan, como Arthur, de la reeducación ortofónica a la reeducación ortóptica, o abandonan sus clases para sumergirse en un curso de recuperación? No sirve de nada, son y permanecen siendo "retrasados": si bien el sistema educativo no les coloca actualmente el gorro de burro de antaño, no deja de aplicarles, más púdicamente, la etiqueta de "fracaso escolar". Se mantiene oculto el sufrimiento, el de Arthur, el de Floriane, el de Thierry, el de todos y cada uno de los "retrasados", por agresivos que puedan parecer como Richard. Este sufrimiento es psíquico, el mismo niño no puede determinarlo, no puede saber lo que dice su síntoma, porque el "fracaso escolar" es exclusivamente un síntoma que indica su malestar. ¿Cómo se forma ese síntoma? Anny Cordié pasa revista a los diver-sos factores incriminados en el fracaso escolar: aspecto sociocultu-ral, conflictos familiares, sistemas pedagógicos, deficiencia intelectual, y constata que ninguna de estas causas, por sí misma, es suficiente para explicar el fracaso. Ninguna generalización esclare-cerá o resolverá el enigma: Anny Cordié escucha atentamente a cada sujeto, porque ella es analista, y actúa de manera que el trabajo con el niño se elabore en una relación de transferencia. ¿Quiere decir que puede explicar el mecanismo del mal llamado "fracaso esco-lar"? En realidad no, pero su experiencia le permite detallar cómo funciona la inhibición que lo engendra y también distinguir entre el niño neurotizado y el niño psicótico, e inclusive impedir la psicotización de algunos. Esto es lo que los "retrasados" le enseñaron y lo que aprendemos a través de ella: que no existen.
Esta combinación no existe.
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