En un paisaje incierto, definido por trazos tan sutiles como indelebles, Strasser dirige la construcción de un puente. Pero la que marca los relieves y bajorrelieves de esta novela impecable es Hilde, la mujer de Strasser. En el probable mapa del noroeste argentino se entrevé, como en un oscuro espejo, el mapa de Europa: otro escenario, otra guerra, otros tiempos y otros deslices amorosos que alzan sin embargo, aquí y allá, una misma, única historia. En sus pliegues estimulantes y escabrosos se traman, sobre una matriz histórica, los recuerdos, el erotismo y las emociones. Éstos son la materia con que Héctor Tizón entrega su nueva novela, una obra mayor cuya publicación constituye un luminoso acontecimiento literario.
Esta combinación no existe.
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