La crueldad del animal humano no tiene ideología. Las ideolo-gías son las que las permiten, desarrollan, incentivan, canalizan hasta legalizan. Mitad del siglo XX: 60 millones de personas muertas en la 2ª guerra mundial. Explosiones nucleares (aprox. 246.000 muertes más los cánceres posteriores y sus sufrimientos correspondientes) y Campos de Concentración (de exterminio o de Trabajos Forzados) en diferentes lugares del planeta al mismo tiempo. ¿Era esto esperable? La respuesta es indubitable: "todo es posible" con el animal humano. Vistos como hechos consumados, son saltos cualitativos a la crueldad y el horror planificados, como hechos efectivos de la cotidia-neidad. Situaciones privilegiadas en la que el animal humano mostró nuevamente su cara humana ligada a la crueldad. ¿Por qué hemos evolucionado en tantas facetas, y no logramos que desaparezcan la violencia, las agresiones gratuitas en todas sus formas y las masacres colectivas? La crueldad humana, se instala como cotidia-na. Hasta ahora, ninguna utopía pudo con ella. Quizás ya nadie quiere escuchar más de nuevas utopías, porque temen su conversión en disto-pías (más o menos rápidamente). Lo que equivaldría a un "no me engañen más con relatos románticos", instalando así un realismo e incertidumbre que pueden devenir en pesimismo o indiferencia. La distancia entre las utopías y las realidades distópicas y disruptivas, duele cada día más. Finalmente, la crisis de la política, la crisis de las democracias en occidente, la crisis de la credibilidad; el descreimiento feroz y corrosivo y sus efectos en las sociedades y en los actos humanos. Se trata finalmente, de la cruel supervivencia en lugar de la búsqueda de la calidad de vida.
Esta combinación no existe.
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