Para comprender al sistema de poder dominante en la sociedad contemporánea hay que conocer el papel que desempeñan en él las sociedades transnacionales. Las sociedades transnacionales actúan en la producción y en los servicios prácticamente en todas las esferas de la actividad humana- y también en la especulación financiera. Incluso intervienen en actividades ilícitas y en una zona gris entre la legalidad y la ilegalidad. Desempeñan un papel de primer plano en las decisiones del poder y dominan los vectores que permiten dictar a los seres humanos sus comportamientos, sus ideas, sus aspiraciones y sus hábitos. Esa actividad multifacética está dominada por un objetivo fundamental: la obtención del máximo beneficio en el mínimo de tiempo y, para alcanzario sobre todo las sociedades transnacionales que tienen más poder-, no excluyen ningún medio, contando para ello con la complicidad de la mayoría de las elites políticas nacionales e internacionales y con los servicios de buena parte de las elites intelectuales y de personajes destacados de la llamada "sociedad civil". Y, cuando las circunstancias lo requieren, pueden contar con la fuerza armada visible y/o clandestina ejército, "servicios especiales", etc., de las grandes potencias, en primer lugar de la "superpotencia" que representa y defiende los intereses de la mayor parte de las más grandes y tentaculares de ellas. En última instancia, se trata de comprender cómo el inmenso poderío de las sociedades transnacionales está vaciando de todo contenido la democracia representativa y ha impuesto su hegemonía, no sólo económica sino política, ideológica y cultural, a escala mundial. Ello puede permitir reflexionar acerca de cómo los seres humanos, que "nacen libres e iguales en dignidad y derechos" recuperan, en el marco de una sociedad democrática y participativa, el poder de decisión sobre sus propios destinos.
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