¿Cómo decir lo que no puede ser nombrado? ¿Cómo hablar de lo que se dice sin nombre? “Decir ‘adolescente con depresión’ es un enorme riesgo” —marca ya posición la autora—: el de la estigmatización social y el no menos arrasante de una diagnosis que cargarán de por vida, irreversiblemente ligada a la idea de muerte. Muy lejos de los actuales “diagnósticos a mansalva” que se lanzan sobre los adolescentes y de la rotulación patologizante que borra toda subjetividad, Gabriela Insua prefiere hablar prudentemente de “estados”, y su finísima sensibilidad elige denominarlos abatidos pues “esa palabra evoca algo de esa caída de sentido tan frecuente en ellos”, explica. “Que no se patologice aquello que es síntoma o efecto”, escribe ya en enarbolada bandera.
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