«Extraña fórmula», dirán aquellos quienes se imaginan que el término realidad es el antónimo de subjetivo, pero eso es sin contar con lo que el psicoanálisis, a propósito del fantasma, ha descubierto: que el objeto perdido del sujeto es reencontrado en el campo de lo percibido, en donde anima «toda nuestra realidad». Y es así como se constata —en nuestros diversos amores e intereses— cómo es que las antenas de la «libido» se extienden hasta los objetos fenomenológicos, mucho más allá del perímetro del cuerpo propio. Sólo nos resta captar la lógica de ese desplazamiento, así como sus consecuencias, en los lazos sociales.
Esta combinación no existe.
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